ELLA TAN AMADA MELANIA MAZZUCCO PDF

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Author:Akiran Mezticage
Country:Barbados
Language:English (Spanish)
Genre:Automotive
Published (Last):20 June 2007
Pages:364
PDF File Size:4.63 Mb
ePub File Size:15.99 Mb
ISBN:410-9-64230-741-2
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Recomindalo para su compra y recurdalo cuando tengas que adquirir un obsequio. Ella, tan amada, tanto, que una lira se desboc en lamentos nunca odos antes de labios de plaideras; lamentos que conformaron un mundo en el que todo volva a estar presente: bosque y valle y camino y pueblo, campo y ro y animal; y que en torno a este mundo-lamento, igual que en torno a la otra tierra, iba un sol y un silencioso cielo estrellado, un cielo-lamento con estrellas deformadas: Ella, tan amada.

Mazzucco Ella, tan amada La cada 7 de septiembre de Camina. Tu hora no tiene hermanas, t ests ests en tu casa. La persona enferma ha muerto, y la que ha resurgido ya es otra.

Ello se debe a que con el nombre se pierde la identidad anterior, con todo lo que se infiere de la misma: desventura, destino y todo lo dems.

El gua de Molanda le haba asegurado que los blancos no creen en algunas supersticiones. Y as, desde que regresara a Europa, despus de tantas turbaciones ya curada, o tan slo liberada, haba vuelto a encontrar el nombre que siempre haba sido el suyo: Annemarie. En una luminosa jornada estival, mientras el sol disipa el ltimo residuo de la perturbacin empujando hacia detrs de las montaas a una caprichosa nube que va con retraso, una bicicleta avanza por el camino que serpea junto a la orilla del lago, impulsada por pedaladas vigorosas y por el viento favorable que sopla desde el desfiladero.

Evita los peligros, sortea las rocas que infestan la orilla, los baches excavados por la lluvia, las ramas bajas de los alerces y los charcos. Va dando botes sobre las asperezas del terreno, proyectando sobre el agua el simtrico entramado de lneas del chasis, el armonioso crculo de las ruedas y la grcil figura del ciclista.

Quien, pese a todo, no se da cuenta de nada y sigue pedaleando, ligera: se trata, de hecho, de una mujer, esa mujer Annemarie. Levantando las manos del manillar, se ata detrs del cuello la bufanda de seda, sujeta el cigarrillo entre los labios y se da la vuelta para comprobar si la calesa de alquiler a la que ha dejado atrs reaparece tras la curva. La mujer avanza entre saltos y frenadas, en un fatigoso chirrido de chatarra, mientras su sombra oscura se desliza sobre la superficie del lago leve, silenciosa, inaprensible.

Mazzucco Ella, tan amada Unos cientos de metros ms adelante, escondido por una reverberacin de sombras y de sol, hay un bache poco profundo en el que se remansa un charco de agua de lluvia. Despus del charco, una piedra sobresale del suelo unos pocos centmetros. Una piedra insignificante, oblonga, puntiaguda, que se desprendi de la montaa como miles de otras piedras idnticas que estn diseminadas a lo largo del camino.

Ella no lo sabe e, ignara, est yendo a su encuentro. No se cruza con ningn automvil, ningn caballo, ni siquiera un paseante. La pista forestal est desierta, deslumbrada por el sol. Las cumbres de granito y las ramas de los abetos levemente movidas por el viento se reflejan en el agua del lago, que tiene el mismo color azul oscuro que el cielo. La bicicleta y la mujer, fundidas ambas hasta convertirse en un extrao ser informe, parecen lo nico con vida en ese paisaje vaco cristalizado en una inmovilidad irreal, casi fantstica.

En este lugar tan sereno, tan sosegado, no puede alcanzarla ningn mal. Ningn dolor. Las montaas encierran el valle, casi como si estuvieran defendiendo a sus habitantes, protegindolos del mundo.

El bosque que circunda las laderas del lago exhala un perfume de musgo y de heno, de setas y de hierba recin cortada. Annemarie conoce estos lugares y sabe adnde conduce la pista forestal que serpea junto al lago: aqu los caminos no se pierden y siempre llevan a algn sitio. La seora de Bocken coloca la aguja sobre el disco. Una voz femenina se libera en el aire, trepa en un agudo y vuelve a caer de inmediato. Rene est echada en el divn, con la cabeza todava vendada, la pierna dolorida tras una desgraciada cada que por poco la manda al otro mundo.

Un hecho verdaderamente inslito. Es una amazona formidable, y la palabra cada no aparece en su diccionario. El caballerizo est aturdido, tiembla: no sabe cmo darle la noticia a su ama, que est de un humor imposible, en estos ltimos tiempos, desde que se ha visto obligada ella, que no para quieta ni un momento a pasar el tiempo en la butaca, en una inmovilidad forzada. Rene ya no es tan joven, y tendra que dejar de cabalgar a rienda suelta por los bosques que rodean el lago de Zurich.

Pero quin es el valiente que se lo dice? Desde el gramfono, la voz de Brunilda grazna sin aliento: Rene ya ha desgastado ese disco. Se trata de Parsifal, farfulla el caballerizo. Rene levanta la cabeza de golpe. Parsifal es su potrillo predilecto. Un caballo de pelaje negro, con las patas delgadas y de carcter impetuoso, gloria de sus cuadras. Tiene poco ms de un ao y medio y ya promete maravillas. Ella lo sigue paso a paso. Va cada da a comprobar que la avena est seca y que no tenga semillas, a seguir sus ejercicios de adiestramiento todo.

Tiene un clico, murmura el caballerizo. Rene no pierde el tiempo insultando al incapaz que ha puesto en peligro la vida de su Parsifal. Acrcame la muleta, ordena. Tiene una manera de hablar autoritaria y expeditiva, como si el mundo fuera con retraso y ella no tuviera tiempo para esperarlo. Se levanta de golpe, aferra la muleta y se arrastra hacia las cuadras.

Todava no est en condiciones de caminar, y si hubiera por all alguien con un 7 Melania G. Mazzucco Ella, tan amada mnimo de sentido comn le impedira moverse. A ella no le corresponde cuidar a Parsifal. Pero no hay nadie en Bocken. Todos los postigos estn cerrados, a estas horas los criados estn trabajando, no hay huspedes, la anciana madre de la seora reposa, sus hijos se han marchado, alguno se ha casado y vive los ms lejos posible de ella, alguno se ha perdido en el silencio, alguno ha sido perdido y el ama est sola.

En el box el potrillo est echado sobre la paja. Se agita, impotente. Se revuelve en el suelo. Golpea varias veces la cabeza contra el anca baada en sudor.

Sufre atrozmente. Es un espectculo lacerante. Nadie ha visto nunca llorar al ama. Una abeja revolotea sobre el charco, por un instante se posa sobre la piedra oblonga, luego se va volando. La piedra permanece donde est. Si ella desviara mnimamente la rueda, si cambiase de trayectoria, la evitara.

Pero no lo har. Algunos dicen que caso quiere decir cada. En el sentido de que hay algo que cae o que surge de forma espontnea en la mente, como una idea, una ocurrencia. Algo que se mueve hacia alguien, como si fuera atrado oscuramente. El silencio encantado del valle se rompe de improviso por un estruendo de campanas. Se ha roto la ilusin, el mundo est en ebullicin, todo prosigue es un da como otro.

Por un instante ha credo que el valle se haba transformado en naturaleza y silencio, poblado tan slo por los animales y por los montaeses agachados sobre los campos para segar el heno y para cortar la lea con el hacha, como hace cien aos. Se haba hecho la ilusin de que los grandes hoteles se haban quedado vacos. En cambio, los postigos de las ventanas del Waldhaus estn todos abiertos, las camareras mullen los edredones en los alfizares y los grandes hoteles siguen celebrando como si no estuviera pasando nada ms en otras partes los ritos habituales.

Tambin este ao aunque menos de lo habitual, aunque no sean los habituales los veraneantes han venido a pasear, a jugar al golf, a respirar el aire salubre de Sils y St. Su vida prosigue como antes de que todo esto comenzara, recreando un extrao sortilegio que es, al mismo tiempo, indiferencia hacia la guerra y desesperada bsqueda de un oasis de paz.

Llegaron a principios de junio y todava no se han marchado: sus vacaciones son largas, como el tiempo aqu arriba. No tienen prisa por regresar a sus oficinas, a sus ciudades, a sus asuntos.

Y aunque la distancia se los aleje, ella puede imaginrselos y verlos con claridad, porque, durante mucho tiempo, sa fue su vida.

Durante mucho tiempo vino aqu arriba por el mismo motivo por el que ellos han venido. Para olvidar, para ilusionarse, para reposar. Pero esta vez no ha venido para eso. El avin despega con una sacudida brusca, alarmante. Se encabrita. Los escasos viajeros todos militares, excepto la corresponsal de guerra, Miss Mn, como dicen los oficiales se hunden hacia atrs en sus asientos. Las paredes vibran, el motor zumba, el suelo tiembla. La carlinga cruje con un sonido siniestro, y parece a punto de desintegrarse.

Los militares ms jvenes palidecen, hay quien reza. Con indiferencia, hacindolos sonrojar por su 8 Melania G. Mazzucco Ella, tan amada debilidad, Erika los mira y se echa a rer. Tiene una risa franca, casi desconcertante. Est acostumbrada a los azarosos desplazamientos en tiempos de guerra, en aviones que parecen haber sido ensamblados con materiales de desecho, chatarra o quin sabe qu ms. Acostumbrada a mirar desde una altura impensable ciudades, desiertos y pases, a volar entre husos horarios de una punta a otra del mundo, casi siempre sola.

No tiene tiempo para preocuparse. Y adems no se asusta fcilmente.

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